
El agradecimiento tiene el poder de transformar los desafíos en oportunidades y abrir puertas para construir un nuevo año lleno de esperanza y propósito.
2024 ha sido el año más desafiante de mi vida. Empezó con el diagnóstico de COVID-19, cuyas secuelas afectaron mi salud física y mental por demasiado tiempo. Las semanas se convirtieron en meses de espera, anhelando recuperar mi energía y claridad mental.
Después llegó otro capítulo difícil: despedir a mi hija menor mientras emprendía su viaje hacia la universidad.
Han sido 12 meses de una verdadera erupción emocional. Enfrentar la fragilidad de mi salud y adaptarme a una casa semivacía han sido dos experiencias opuestas, pero conectadas por un hilo común: el anhelo. Ese deseo profundo por estar completamente sana, por acortar la distancia y por mantener a mi familia unida bajo un mismo techo.
Cómo una conversación cambió mi perspectiva
En medio de este torbellino, una conversación con mi médico transformó mi manera de ver las cosas. Él, quien parece tener el don de destrabar mi mente además de tratar mi cuerpo, me hizo una observación contundente: “No está siendo agradecida”.
Esa frase cayó como agua fría. Siempre he procurado dar gracias, pero en ese momento, sus palabras resonaron con fuerza: cuando deseamos algo que no tenemos, perdemos de vista lo que ya tenemos y dejamos de agradecer.
Pasé días reflexionando sobre su mensaje y concluyendo que tenía razón. En medio de mis circunstancias, había mucho por lo cual dar gracias.
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Redescubriendo la gratitud
Mi salud ya se estaba restaurando, y a mi lado tenía a mi esposo y a mi hija mayor. Aunque la distancia física con mi hija menor dolía, entendí que ella no solo estaba cumpliendo un sueño, sino también creciendo, madurando y construyendo su propia historia.
Además, este año estuvo lleno de oportunidades profesionales por las que había orado: proyectos increíbles, conexiones inesperadas y puertas que se abrían justo cuando la duda amenazaba con instalarse.
Me di cuenta de que al enfocarme en lo que me faltaba o lo que deseaba estaba dejando de apreciar el milagro de lo que ya tenía. La gratitud, esa llave olvidada en algún rincón de mi alma, volvió a mis manos, y con ella, una nueva perspectiva.
El poder del agradecimiento
El agradecimiento no es solo una emoción, es una decisión consciente que transforma nuestra visión del mundo. Es la semilla de la fe y la esperanza, y el fundamento sobre el cual podemos planear cosas nuevas.
Cuando damos gracias, abrimos la puerta a la posibilidad de soñar nuevamente, de imaginar nuevos comienzos y de confiar en que todo tiene un propósito, incluso en medio de los momentos más oscuros.
Este ejercicio de gratitud me llevó a replantear cómo quería cerrar este año y, aún más importante, cómo deseaba empezar el próximo. Decidí no quedarme atrapada en lo que me falta o en lo que deseo. En cambio, quiero aferrarme a lo que tengo, a lo que Dios ha puesto en mis manos y a las bendiciones que muchas veces doy por sentadas.
Un nuevo año con agradecimiento
Si algo me enseñó 2024 es que la gratitud tiene el poder de cambiar nuestra narrativa. Es como un mapa que nos muestra el camino de regreso al corazón, recordándonos que incluso en los momentos más complicados, siempre hay razones para dar gracias.
Te invito a hacer un alto y reflexionar sobre lo que tienes para agradecer. Antes de planear tu 2025, menciona tres cosas por las que estás agradecida este 2024.
Que el agradecimiento sea la semilla de tus sueños para el 2025.
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