Estoy convencida que la felicidad está íntimamente ligada a la gratitud, un valor que es como un músculo, mientras más lo ejercitas, más se fortalece.

Han notado cómo algunas personas evaden este tema de conversación. Hablamos del tráfico o del clima, pero pocas veces preguntamos ¿eres feliz? Algunas personas se han acercado a mí con esa pregunta y mi respuesta no tarda mucho. ¡Sí, soy feliz!

Con el paso de los años he entendido que un corazón agradecido puede ser mucho más feliz a pesar de las circunstancias. Puedo decirlo con toda libertad y solvencia, ya que a los 15 años falleció mi mamá, y a las 30 mi papá. Procesar mi vida sin ellos ha sido el mayor de mis retos. Y claro, no puedo negar que no ha sido fácil.

Mi hermana tomó muchos roles importantes en este trayecto y Dios me dio la inmensa oportunidad de rodearme de personas sanas de mente y corazón, que me aconsejaron a lo largo de mi vida y me recomendaron ser prudente con mis decisiones diarias.

Ser feliz es una decisión que se toma constantemente, a pesar del problema que estás atravesando, y que conste que esto no significa ser ingenua o irrealista pensando que todo será fácil o que no existirá dolor en muchos procesos, pero es una realidad que cuando cambias tu postura de víctima por una de agradecimiento genuino, el problema se torna diferente.

También aprendí a no compararme con los demás, este error es muy frecuente y provoca mucho dolor, ya que siempre habrá alguien que tiene más o que puede hacer más que nosotras, así que mucho cuidado con caer en esa trampa. Cada persona tiene una lucha interna, con sus propios miedos y áreas en las que debe de mejorar. Descubrí que la perfección no existe y no es para justificarme por hacer mal las cosas, sino para admitir mis debilidades y quitarme la carga de ser como alguien más.

Recientemente escuché la frase “ser feliz es contagioso” y estoy de acuerdo, la felicidad no te la da el dinero, ni el estatus en la sociedad o cuantos títulos tengas, sino tu paz interna, ese encuentro contigo y la certeza de que tienes un propósito. Y lo mejor es que tiene la capacidad de contagiarse y agregar valor a quienes te rodean.

Viene la temporada de reuniones familiares y de mucha convivencia, aprovechemos la oportunidad de dejar algo bello de nosotras a las personas que están a nuestro alrededor, no me refiero solo a cosas físicas -si tienes los recursos no hay problema, pero piensa en esas palabras de agradecimiento o afirmación, una nota o un mensaje que les recuerde cuánto valoramos tenerlos en nuestra vida.

Tengo la inmensa bendición de tener un novio que me ha enseñado el valor del tiempo y no de los regalos, de valorar los detalles del cuidado y del respeto, más que de cualquier cosa. La gratitud es un músculo que mientras más lo ejercitas más se fortalece. Te invito a que te atrevas a que todo lo que hagas tenga tu sello personal, agregándole un toque de amor a lo que haces y respeto a la opinión de los demás, porque, aunque no pareciera siempre tenemos alguien a quien motivar. Es un reto, pero imagina cuánto podría cambiar nuestro entorno con actos que reflejen la gratitud ¿Qué tal si agregas este reto a tus propósitos de fin de año y del 2020? ¿Te animas?

Velvet Sharlett Arbizu Orellana

32 años Licenciada en fisioterapia. Disfruto ayudar a las personas a través de mi trabajo, es una gran puerta para conocer gente y también para crecer como persona. Amo la música, los paseos y comer (pero no le digan a nadie) jajaja

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