Presiona ESC para cerrar

¿Calladita te ves más bonita? Lo que callamos nos pasa factura

“Calladita te ves más bonita”. Una frase que se ha hecho parte de nuestra cultura y de nuestra forma de vivir y que le repetimos a nuestras hijas en un tono de consejo, advertencia o una broma.

¿Callar las emociones enferma?

Lo que callamos no desaparece. Se queda en algún lugar, y muchas veces ese lugar es el cuerpo.

Un estudio de Benjamin Chapman y colaboradores, publicado en el Journal of Psychosomatic Research, siguió durante 12 años a 729 personas en Estados Unidos. Quienes más reprimían sus emociones tuvieron alrededor de un 35 % más de riesgo de morir por cualquier causa durante ese periodo.

Ocultar lo que sentimos exige esfuerzo, y el cuerpo lo registra. Una revisión de Alexandra Tyra, Thomas Fergus y Annie Ginty, publicada en 2024 en Health Psychology Review, reunió 24 estudios sobre el tema. En los experimentos, las personas a quienes se les pidió reprimir lo que sentían mostraron una mayor respuesta física ante tareas estresantes, con cambios en el corazón, la circulación y las hormonas del estrés.

Cuando callar se vuelve costumbre, el efecto se acumula. Una investigación de 2026 con 412 hombres encontró que reprimir las emociones de forma habitual se asociaba con alteraciones en el cortisol, la hormona del estrés, y con más inflamación en el cuerpo.

¿Qué dice la Biblia sobre callar lo que sentimos?

La Biblia describe el costo de callar con una imagen muy física: “Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día” (Salmo 32:3, RVR1960).

El salmista habla de lo que llevaba guardado y no confesaba, y describe cómo ese silencio lo desgastaba por dentro. No es la única vez que las Escrituras unen lo que vivimos por dentro con nuestra salud. “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (Proverbios 17:22, RVR1960). Y en 3 Juan 1:2 encontramos el deseo de que prosperemos y tengamos salud “así como prospera tu alma”. El alma y el cuerpo deben ir alineados.

¿Cómo afecta el silencio a nuestras relaciones?

La factura no es solo física. Quienes tienden a ocultar sus emociones suelen reportar menos apoyo social y relaciones menos satisfactorias.

Así lo encontró un metaanálisis de 43 artículos de Elizabeth Chervonsky y Caroline Hunt, publicado en la revista Emotion. La pregunta que deja es sencilla: si nunca digo que algo me duele o que necesito ayuda, ¿cómo pueden saberlo las personas cercanas a mí?

¿Por qué ayuda ponerle nombre a lo que sentimos?

Verbalizar lo que sentimos no es solo desahogo: cambia la forma en que el cerebro procesa la emoción.

Quizá el primer paso no sea contarlo todo, puede ser decirnos la verdad a nosotras mismas: “Estoy molesta”, “Eso me dolió”, “Tengo miedo”. En una investigación con resonancia magnética, observaron que, al ponerle nombre a una emoción, disminuía la actividad de la amígdala, la región que reacciona ante las amenazas, y se activaba una zona de la corteza prefrontal que ayuda a regularla.

En cuatro estudios publicados en 2011, el mismo equipo encontró que nombrar una emoción negativa reducía el malestar. Incluso muchas personas esperaban lo contrario: pensaban que ponerle palabras a lo que sentían las haría sentir peor.

Lo que se nombra se puede atender. Lo que se calla se queda dando vueltas por dentro.

Hablar no es explotar

Nombrar lo que sentimos nos permite decidir qué hacer después. Tal vez necesitamos una conversación, poner un límite, pedir ayuda o simplemente tomarnos un momento antes de responder. Hablar no es explotar ni decirle nuestra vida a cualquiera. A veces empieza con una frase tan pequeña como: “Dije que no pasaba nada, pero sí me afectó”.

Llevar la fiesta en paz no tendría que exigirnos desaparecer de la conversación. La próxima vez que estés por callar, pregúntate si estás eligiendo el momento para hablar o si, otra vez, estás dejando tu voz para después.

Preguntas frecuentes

¿Quién dijo “calladita te ves más bonita”?

Es un dicho popular sin autor conocido, que se ha transmitido de generación en generación, muchas veces de madres y abuelas a sus hijas y nietas.

¿Reprimir las emociones afecta la salud?

Sí. Reprimir una emoción aumenta la respuesta física del cuerpo ante el estrés, y hacerlo de forma habitual se ha asociado con más inflamación, alteraciones en el cortisol y mayor riesgo de mortalidad.

¿Qué significa el Salmo 32:3?

“Mientras callé, se envejecieron mis huesos” describe cómo guardar algo sin expresarlo desgastaba al salmista. En el versículo 5, al hablar, encuentra alivio y perdón.

¿Qué versículos hablan de la relación entre emociones y salud?

Entre los más citados están Salmo 32:3-5, Proverbios 17:22 y 3 Juan 1:2, que unen lo que vivimos por dentro con la salud del cuerpo.

¿Por qué ayuda ponerle nombre a lo que siento?

Estudios de neurociencia muestran que nombrar una emoción reduce la actividad de la amígdala y activa zonas del cerebro que ayudan a regularla. En la práctica, esto se traduce en menos malestar.

Este texto tiene fines informativos y no sustituye la atención de un profesional de la salud.

Mujer, esposa y madre. Robadora de frases. En proceso de construcción. Amante de los viajes, buenos libros y museos.

Marly Leonzo – who has written posts on Ladrona de frases.


Marly Leonzo

Mujer, esposa y madre. Robadora de frases. En proceso de construcción. Amante de los viajes, buenos libros y museos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.