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Renzo, mi hermoso amigo chihuahueño color trigo estuvo conmigo durante trece años. Tiempo exacto para descubrir que su nombre le quedó ideal, laureado, así era él.

Renzo llegó antes que naciera mi hijo y desde el primer instante se convirtió en un miembro más de nuestra familia. Participó en viajes, en reuniones y en todos los acontecimientos que vivimos durante esos 13 años.

Lo acogí e integré a nuestra familia desde el día en que llegó, para mí era una parte básica de mi microcosmos particular. Nos otorgó mucho, era un perro muy especial, fue muy feliz y lo cuidamos hasta su último suspiro. De hecho, estuvo conmigo en los momentos más dolorosos de mi vida, acompañándome todo el tiempo, era receptivo e intuitivo a mis sentimientos, sin cuestionarme ni juzgarme, se recostaba a mi lado, demostrándome que estaba ahí…

Perderlo fue algo que nos afectó, un sentimiento que quizás solo comprendan quienes lo han vivido, de lo contrario te hacen llegar frases como “menos mal era solo un animalito”o “lo bueno es que tienen otro”. Debo decir que el proceso de duelo es similar al que experimentamos cuando perdemos a una persona amada.

Decirle adiós a mi compañero de vida fue muy doloroso, la despedida y la pérdida llegaron a ser casi insoportables, su partida coincidió con la pérdida de esa época feliz de mi vida, los lazos que se crearon entre nosotros son imborrables. Otra parte de la familia se sumó tres meses antes de la partida de Renzo, Jerry fue un apoyo incondicional para nuestros corazones.

Es necesario tener la oportunidad de estar triste y aprovechar la libertad de manifestarlo a los demás, por eso encantada acepté la invitación de mi querida Ladrona de Frases y sin saberlo me ayudaría a sanar un poco mi corazón. Mientras escribía esta columna lloré y recordé a mi pequeño Renzo. Este paso no es sencillo, pero es sin duda, esencial para encarar la muerte de mi compañero fiel de la mejor forma posible.

Renzo

La tristeza no debe ser el único sentimiento ante el recuerdo de nuestro perro, en estos momentos amargos, es bueno recuperar los momentos compartidos con él e intentar quedarnos con esa sensación agradable y de felicidad.

Quien nunca ha tenido una mascota no ha vivido la oportunidad de experimentar el amor más puro y desinteresado, ese que te ofrecen a cambio de nada, donde no existe el resentimiento y que calladamente, por medio de pequeños detalles, hacen de tu vida un escenario más placentero y auténtico.

Me encanta la frase anónima “un perro no es tu hijo, pero tú, sí eres su madre”. En ocasiones, la sangre no es suficiente para “crear familia”, son los vínculos basados en la reciprocidad, las relaciones significativas y esa autenticidad del día a día lo que nos une, es necesario rodearte tanto de personas como animales que te den paz, todas las emociones positivas te hacen crecer vengan de donde vengan.

Para mí siempre fue un placer que compartiera el sofá con nosotros mientras veíamos una película y que se adueñara de él hasta convertirlo en su segunda cama. Hoy veo ese mismo sofá y siento que le falta todo, le falta el alma.

Los humanos estamos muy lejos de competir con el amor y lealtad de nuestros perros, Renzo siempre tendrá un lugar en mi corazón y el de mi familia. “Hasta que no hayas amado a un animal, parte de tu alma permanecerá dormida” A. France.

Madre de dos hermosos hijos, uno en el cielo y otro en la tierra. Admiradora de los atardeceres y seguidora del buen café, convencida de que la felicidad está compuesta de momentos efímeros y que se deben disfrutar en su máxima expresión.

Ligia Urízar – who has written posts on Ladrona de frases.


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