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Nadie estaba preparado para perder su estresada vida de la noche a la mañana y lo que parecía un lindo experimento se ha convertido en una crisis interna que está empezando a exponer temores, ansiedad o tristeza.

Hay que ser valientes para reconocer en qué etapa estamos. Algunas pasaron del modo paranoico a la ansiedad de querer romper las nuevas reglas ¿Tú cómo estás? Empiezo yo: admito que estoy nostálgica por el viaje que no tenía planeado este año (ni siquiera tengo vigente mi pasaporte, pero suspiro por los que ya hice), no tengo ganas de leer como me lo propuse y me ha costado un mundo sentarme a escribir este tema, le di “unfollow” a las cuentas de las mamás “perfectas”, esas que cocinan, hacen su rutina de ejercicios, están bien peinadas, maquilladas y nunca engordan. Para ir más al fondo debo decir que quisiera despertar sola en la ventanilla de un avión, en el puente de Brooklyn, debajo de la torre Eiffel, en el Tate Modern o en la Reforma de Ciudad de México… ¿sigo?

Nunca en mi vida había estado tan limitada de recursos, de tiempo y de contacto social (pese a que he tenido la oportunidad de ir a la oficina esporádicamente). Extraño a mis amigas, mi familia -mis padres y mi hermana- los abrazos, el contacto físico y la posibilidad de sentirme libre… Sé que todo es muy abstracto, pero tengo sensaciones raras que se mezclan con el cansancio y el insomnio, me hace falta eso que no está presente en las pláticas de zoom ni en los chats, por muy alegres y entretenidos que estos sean. Al principio disfruté esa disrupción en mi estresante rutina, los memes, estar en mi casa, no tener que preocuparme por las madrugadas de mis hijas o sus actividades, conectarme a las reuniones con chancletas o descalza.

No sé cuál sea tu temperamento, pero para una sanguínea no es fácil mantener todo controlado en espacios psicológicos limitados y eso es que no he tenido que lidiar con las tareas de mis hijas que son nativas digitales e independientes. Tampoco he tenido la presión de mi paciente esposo que ha hecho su mayor esfuerzo para que todo el tema financiero se mantenga controlado, pero sí estamos en plan de conciencia financiera y por eso hemos recortado gastos que ya no parecen «necesarios».

A lo mejor sueno un tanto pesimista, pero la verdad es que necesito un espacio para dejar plasmadas mis emociones y sentimientos, no sé si soy la única que se siente así o solo a mí se me ocurre dejarlo por escrito, no sé. Pero aclaro que no me he olvidado de dar gracias por la salud y el trabajo, por ese techo que me cobija y la comida que llega a mi mesa… Imposible no agradecer y reconocer que son bendiciones.

Pandemia del siglo XX

He estado en búsqueda de respuestas que alimenten mi esperanza. Encontré que hace 100 años finalizó la última pandemia. La fiebre amarilla o fiebre española es catalogada como la peor pandemia del siglo XX. Se entrelazó con la I Guerra Mundial y cobró la vida de millones de personas, especialmente hombres entre 20 y 40 años. Esta pérdida se tradujo en oportunidades laborales y mejoras salariales para las mujeres. Además, en 1920 el Congreso de los Estados Unidos ratificó la XIX enmienda de su Constitución que les otorgaba el derecho al voto (información de Christine Blackburn de la Universidad Texas A&M). Esta pandemia que no se registró en los libros de la historia, también impulsó planes sociales de salud en el mundo entero.

Todavía no sé qué traiga de bueno el Covid-19, para mí es una llamada de atención y un reconocimiento de nuestra vulnerabilidad. En pleno siglo XXI tenemos tecnología, viajes a Marte, satélites, gastos millonarios en armamento y de repente nos encontramos con fronteras aéreas cerradas, las calles más emblemáticas de las ciudades más importantes del globo vacías, nos dimos cuenta que el calor humano es más necesario que nunca, que seguimos dependiendo de los milagros que la ciencia no puede darnos y que es Dios el único que puede llenarnos de paz.

Quizás esta pandemia pasará desapercibida porque el número de víctimas no se compara con la que se vivió hace un siglo ¿será capaz de enseñarnos algo individualmente? La respuesta es personal, pero ojalá construya humanidad a mediano plazo. En el fondo de mi corazón, albergo la esperanza que aprendamos a ser humanos, menos individualista, con menor grado de egoísmo y con la vista puesta en el prójimo. Mientras ese momento llega y la vida tome su nuevo curso, hago mía la esa frase de Mafalda: ¡paren el mundo que me quiero bajar!

Marly Leonzo

Mujer, esposa y madre. Robadora de frases. En proceso de construcción. Amante de los viajes, buenos libros y museos.

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